Anoche implore tu presencia; contemplando el silencio
bajo la sombra de la luna que marcaba pronunciadamente
el contorno de “tu” silueta, al cerrar los ojos quise llorar
pero no pude. Levante la cabeza, y senti el ruido de unas
pesadas cadena trastrabillando el piso, irrumpiendo asi la
calma del silencio en esta sombria noche
en la que anhoro el descanso eterno.
Mejor le rezo a la luna… para que me proteja -pense-, por que
si no eres “tu” mi suerte no la quiero.
(muerte)

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